Por Stephanie Stoopen
El ser humano esta lleno de miedos y busca toda su vida ser aceptado, estar a la moda, tener dinero, conseguir un buen trabajo, ser famoso… y en ese universo de deseos existe siempre el individuo con un estigma; aquel que tiene una condición, un factor racial, un comportamiento, incluso un color de piel o un nombre que sea diferente a los demás y que gracias a dichas condiciones o características es enfrascado en una categoría social no aceptada, criticada, tachada de inaceptable.
Muchas veces los estigmas de los hombres generan genios, bellezas, héroes o simplemente muertos, pero en su momento los que no lo poseen (que siempre son la mayoría) discriminan, ofenden y rechazan.
La única manera de terminar con el estigma es teniendo un chivo expiatorio; aquel héroe, mártir, o incluso el colado que nada tenía que ver al que hacen pagar por el estigma; la sociedad lava sus culpas y peores miedos en la sangre del chivo expiatorio. Me viene a la mente ahora un cuento de Kafka, El Proceso, en el que un hombre es sentenciado a muerte sin saber porque, solo por necesidad de la mayoría. Al momento de su muerte, el estigma desaparece y la sociedad lava sus miedos en la sangre del culpable, aunque no tenga culpa alguna.
Los símbolos claros del estigma surgen en las crisis, cuando hay que explicar a la mayoría el porque de un problema y la explicación no le conviene al orador. Así surgen las pandemias, las guerras y los odios raciales.
Es muy atinado ahora hablar de estigmas y chivos expiatorios porque a México le tocó este año. De la noche a la mañana nos convertimos en el estigma de la influenza y sólo por tener un pasaporte con el águila dorada fue motivo suficiente para encerrar a mexicanos como a los leprosos. La pregunta es ¿cuál es el estigma por el que estamos siendo chivos expiatorios?
Yo jamás he dudado de la existencia del virus, tampoco he conocido a nadie que lo tenga. Dudo de la magnitud de la emergencia, del momento en el que se dio y de las medida discriminatorias que han surgido en las últimas semanas. Dudo de si atrás de todo esto no hay una estrategia política para reactivar un sistema capitalista agonizante. El mundo pide un chivo expiatorio, un culpable ¿México lo es? Nunca mejor dicho: dime de que presumes y te diré de que careces.
El ser humano esta lleno de miedos y busca toda su vida ser aceptado, estar a la moda, tener dinero, conseguir un buen trabajo, ser famoso… y en ese universo de deseos existe siempre el individuo con un estigma; aquel que tiene una condición, un factor racial, un comportamiento, incluso un color de piel o un nombre que sea diferente a los demás y que gracias a dichas condiciones o características es enfrascado en una categoría social no aceptada, criticada, tachada de inaceptable.
Muchas veces los estigmas de los hombres generan genios, bellezas, héroes o simplemente muertos, pero en su momento los que no lo poseen (que siempre son la mayoría) discriminan, ofenden y rechazan.
La única manera de terminar con el estigma es teniendo un chivo expiatorio; aquel héroe, mártir, o incluso el colado que nada tenía que ver al que hacen pagar por el estigma; la sociedad lava sus culpas y peores miedos en la sangre del chivo expiatorio. Me viene a la mente ahora un cuento de Kafka, El Proceso, en el que un hombre es sentenciado a muerte sin saber porque, solo por necesidad de la mayoría. Al momento de su muerte, el estigma desaparece y la sociedad lava sus miedos en la sangre del culpable, aunque no tenga culpa alguna.
Los símbolos claros del estigma surgen en las crisis, cuando hay que explicar a la mayoría el porque de un problema y la explicación no le conviene al orador. Así surgen las pandemias, las guerras y los odios raciales.
Es muy atinado ahora hablar de estigmas y chivos expiatorios porque a México le tocó este año. De la noche a la mañana nos convertimos en el estigma de la influenza y sólo por tener un pasaporte con el águila dorada fue motivo suficiente para encerrar a mexicanos como a los leprosos. La pregunta es ¿cuál es el estigma por el que estamos siendo chivos expiatorios?
Yo jamás he dudado de la existencia del virus, tampoco he conocido a nadie que lo tenga. Dudo de la magnitud de la emergencia, del momento en el que se dio y de las medida discriminatorias que han surgido en las últimas semanas. Dudo de si atrás de todo esto no hay una estrategia política para reactivar un sistema capitalista agonizante. El mundo pide un chivo expiatorio, un culpable ¿México lo es? Nunca mejor dicho: dime de que presumes y te diré de que careces.
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