Por Alejandra Olalde Carreté
El habitante de la ciudad de México enfrenta diariamente predadores de su misma especie: estafadores, asaltantes, asesinos, violadores. Pues bien, por si no fueran suficientes estos peligros humanos, los eventos acontecidos hace un mes nos revelaron algunas vulnerabilidades que habíamos dejado rezagadas: los riesgos ambientales y artificiales. Este olvido es natural cuando nuestros capitalinos se enfrentan a uno de los ritmos de vida más estresantes del mundo.
La alta densidad de población en un punto geográfico poco afortunado nos provoca el siguiente cuestionamiento: ¿es sensato pensar que nos encontramos en el preludio de una tragedia anunciada en la Ciudad de México? Para concientizar sobre esta pregunta, a continuación enuncio los siete jinetes del Apocalipsis capitalino a cuyo anuncio devastador es preciso estar atentos:
1. Inundaciones: las épocas de lluvia terminan siempre en lo mismo: las inundaciones del Viaducto (con la clásica -y a veces graciosa- imagen del camión atascado en los noticieros) y, obviamente, de las colonias más pobres. Sin embargo, el alcantarillado de la ciudad cada vez muestra más sus deficiencias, por lo que es muy probable que la tragedia se extienda a zonas comerciales y habitacionales.
2. Sismos: ¿cuántas personas en el mundo están tan familiarizadas a conceptos como “epicentro”, “escala de Richter”, “saldo blanco” y “alarma sísmica”? Pues bien, ya acostumbrados a estos términos démonos cuenta que el terremoto de 1985 no es un hecho histórico asilado, es la realidad tectónica de nuestra ciudad. La pregunta no es si ocurrirá de nuevo, de eso podemos tener certeza. La pregunta es si estaremos preparados; la respuesta, al menos hoy, es que no es así.
3. Deslaves y hundimientos: existen asentamientos paupérrimos en zonas rocosas que están a la espera de la lluvia o de la gravedad para sepultar vivos a cientos de personas. Su estatus económico no les ofrece una vivienda segura (¿y qué decir una “vivienda digna”? ¡ésas son palabras mayores!). Por otra parte, también ciertas colonias de la delegación Miguel Hidalgo se enfrentan al peligro de hundimientos provocados por situarse sobre antiguas minas. Los enormes cráteres espontáneos también comienzan a ser frecuentes. El último ocurrió en la colonia Nápoles, hace apenas una semana.
4. Don Goyo: Nadie sabe con certeza qué ocurrirá cuando el volcán Popocatépetl haga erupción. Su tamaño crea grandes y fatales expectativas, frecuentemente atenuadas por los gobiernos. ¿Es la posible destrucción de la ciudad de México un mito urbano? Nadie puede asegurarlo hasta que llegue el momento, quizá mañana o dentro de medio siglo.
5. Epidemias: Esta vulnerabilidad, casi de naturaleza exclusivamente cinematográfica, despertó la consciencia de un peligro al que se enfrentan asentamientos humanos con alta densidad poblacional. En esta ocasión no pasó a mayores pero es mejor estar al pendiente.
6. Fugas de PEMEX: Entramos ahora a un riesgo artificial. Es importante considerarlo si el año pasado más del 60% de las catástrofes ambientales en el país tuvieron como causas derrames y explosiones de tuberías de Pemex. Pues bien, ¿qué nos exenta de no vivir en la Ciudad de México lo que ocurrió en Guadalajara el 22 de abril de 1992?
7. Industrias de químicos: Actualmente en nuestra ciudad trabajan empresas como “Hércules” (productores del ‘gas naranja’, una sustancia sumamente tóxica utilizada por EEUU en la guerra de Vietnam). Pues bien, esta empresa obtuvo su licencia para trabajar en nuestra urbe por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) a pesar que en EEUU enfrenta grandes demandas por la producción del mencionado herbicida. Por cierto, para nuestra ‘tranquilidad’ Cofepris no tiene control real sobre este tipo de peligros en la ciudad ni un plan de emergencia en caso de tragedia.
Los primeros tres peligros son amenazas seguras, por lo que sólo podemos prepararnos de la mejor manera posible. Los últimos cuatro son probables y, por supuesto, su tragedia puede evitarse. Sin ser paranoicos, debemos ser conscientes que estas devastaciones nos acechan y de una vez por todas fomentar una cultura de la seguridad en la capital de nuestro país.
El habitante de la ciudad de México enfrenta diariamente predadores de su misma especie: estafadores, asaltantes, asesinos, violadores. Pues bien, por si no fueran suficientes estos peligros humanos, los eventos acontecidos hace un mes nos revelaron algunas vulnerabilidades que habíamos dejado rezagadas: los riesgos ambientales y artificiales. Este olvido es natural cuando nuestros capitalinos se enfrentan a uno de los ritmos de vida más estresantes del mundo.
La alta densidad de población en un punto geográfico poco afortunado nos provoca el siguiente cuestionamiento: ¿es sensato pensar que nos encontramos en el preludio de una tragedia anunciada en la Ciudad de México? Para concientizar sobre esta pregunta, a continuación enuncio los siete jinetes del Apocalipsis capitalino a cuyo anuncio devastador es preciso estar atentos:
1. Inundaciones: las épocas de lluvia terminan siempre en lo mismo: las inundaciones del Viaducto (con la clásica -y a veces graciosa- imagen del camión atascado en los noticieros) y, obviamente, de las colonias más pobres. Sin embargo, el alcantarillado de la ciudad cada vez muestra más sus deficiencias, por lo que es muy probable que la tragedia se extienda a zonas comerciales y habitacionales.
2. Sismos: ¿cuántas personas en el mundo están tan familiarizadas a conceptos como “epicentro”, “escala de Richter”, “saldo blanco” y “alarma sísmica”? Pues bien, ya acostumbrados a estos términos démonos cuenta que el terremoto de 1985 no es un hecho histórico asilado, es la realidad tectónica de nuestra ciudad. La pregunta no es si ocurrirá de nuevo, de eso podemos tener certeza. La pregunta es si estaremos preparados; la respuesta, al menos hoy, es que no es así.
3. Deslaves y hundimientos: existen asentamientos paupérrimos en zonas rocosas que están a la espera de la lluvia o de la gravedad para sepultar vivos a cientos de personas. Su estatus económico no les ofrece una vivienda segura (¿y qué decir una “vivienda digna”? ¡ésas son palabras mayores!). Por otra parte, también ciertas colonias de la delegación Miguel Hidalgo se enfrentan al peligro de hundimientos provocados por situarse sobre antiguas minas. Los enormes cráteres espontáneos también comienzan a ser frecuentes. El último ocurrió en la colonia Nápoles, hace apenas una semana.
4. Don Goyo: Nadie sabe con certeza qué ocurrirá cuando el volcán Popocatépetl haga erupción. Su tamaño crea grandes y fatales expectativas, frecuentemente atenuadas por los gobiernos. ¿Es la posible destrucción de la ciudad de México un mito urbano? Nadie puede asegurarlo hasta que llegue el momento, quizá mañana o dentro de medio siglo.
5. Epidemias: Esta vulnerabilidad, casi de naturaleza exclusivamente cinematográfica, despertó la consciencia de un peligro al que se enfrentan asentamientos humanos con alta densidad poblacional. En esta ocasión no pasó a mayores pero es mejor estar al pendiente.
6. Fugas de PEMEX: Entramos ahora a un riesgo artificial. Es importante considerarlo si el año pasado más del 60% de las catástrofes ambientales en el país tuvieron como causas derrames y explosiones de tuberías de Pemex. Pues bien, ¿qué nos exenta de no vivir en la Ciudad de México lo que ocurrió en Guadalajara el 22 de abril de 1992?
7. Industrias de químicos: Actualmente en nuestra ciudad trabajan empresas como “Hércules” (productores del ‘gas naranja’, una sustancia sumamente tóxica utilizada por EEUU en la guerra de Vietnam). Pues bien, esta empresa obtuvo su licencia para trabajar en nuestra urbe por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) a pesar que en EEUU enfrenta grandes demandas por la producción del mencionado herbicida. Por cierto, para nuestra ‘tranquilidad’ Cofepris no tiene control real sobre este tipo de peligros en la ciudad ni un plan de emergencia en caso de tragedia.
Los primeros tres peligros son amenazas seguras, por lo que sólo podemos prepararnos de la mejor manera posible. Los últimos cuatro son probables y, por supuesto, su tragedia puede evitarse. Sin ser paranoicos, debemos ser conscientes que estas devastaciones nos acechan y de una vez por todas fomentar una cultura de la seguridad en la capital de nuestro país.
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